La guía esencial para comprender el mercado de valores
El mercado de valores es uno de los pilares de las finanzas modernas y, sin embargo, a menudo sigue rodeado de tópicos y falsos mitos. Esta guía nace para acompañarte, paso a paso, en el descubrimiento de qué son realmente las acciones y de cómo funciona la Bolsa.
Partiremos de los conceptos fundamentales — qué significa poseer una acción — para llegar a comprender cómo se forma el precio, cómo se gana, qué riesgos existen y cómo dar los primeros pasos como inversor consciente.
En el mundo cotizan en Bolsa decenas de miles de sociedades pertenecientes a los sectores más diversos: tecnología, energía, sanidad, industria, lujo, finanzas, telecomunicaciones y muchos otros. Cada día millones de inversores compran y venden acciones, contribuyendo a la formación de su precio.
Cuando se oye hablar de Bolsa, el término «acción» es probablemente el que aparece con mayor frecuencia.
Pero, ¿qué es realmente una acción?
Muchos piensan que es simplemente un título que puede aumentar o disminuir de valor.
En realidad, una acción representa algo mucho más concreto.
Cuando compras una acción no estás comprando un número en una pantalla: estás comprando una pequeña parte de la propiedad de una empresa.
Este es precisamente el principio en el que se basa el mercado de valores.
Una acción es una de las partes en las que se divide el capital de una sociedad.
Cada acción otorga a su propietario la condición de accionista, es decir, de socio de la empresa.
Naturalmente, la participación poseída depende del número de acciones adquiridas respecto al total emitido por la sociedad.
En la mayoría de los casos, los inversores particulares poseen una participación muy pequeña de la empresa, pero el principio sigue siendo el mismo: comprar una acción significa participar, de forma proporcional, en la propiedad de la sociedad.
Imaginemos que una empresa tiene un valor de 100 millones de euros y decide dividir su capital en 100 millones de acciones.
Cada acción representará una parte muy pequeña de la sociedad.
Si compras 100 acciones, te conviertes en propietario de una participación equivalente a 100 de 100 millones del capital social.
Es una participación muy reducida, pero suficiente para ser considerado accionista.
Ser accionista no significa gestionar directamente la empresa ni tomar decisiones operativas.
Significa poseer una parte de su capital y participar, según las normas previstas por la sociedad, en los resultados económicos y en algunos derechos reconocidos a los accionistas.
Entre ellos pueden incluirse:
Los derechos pueden variar según el tipo de acciones y la normativa aplicable.
Las empresas necesitan capital para crecer.
Por ejemplo, pueden querer:
Una de las formas de captar estos recursos consiste en poner a disposición de los inversores una parte de la propiedad de la empresa mediante la emisión de acciones.
A cambio del capital captado, los inversores se convierten en accionistas de la sociedad.
Es importante distinguir dos conceptos.
El primero se refiere a la propiedad.
Cuando compras una acción, posees una pequeña parte de la sociedad.
El segundo se refiere al precio de mercado.
El valor de la acción puede cambiar cada día en función de la oferta y la demanda.
Esto significa que el valor de tu inversión puede aumentar o disminuir con el tiempo, aunque el número de acciones poseídas permanezca invariable.
Imagina comprar 10 acciones de Ferrari.
No te convertirás en propietario de un automóvil Ferrari ni podrás influir en las decisiones de la empresa.
Sin embargo, te convertirás en propietario de una participación, aunque muy pequeña, de la sociedad Ferrari N.V.
Si con el tiempo el valor de la empresa aumenta, también el precio de sus acciones podrá subir. Si, por el contrario, el mercado valora de forma menos positiva las perspectivas de la empresa, el precio podrá bajar.
Un error frecuente es confundir las acciones con los bonos.
La diferencia es sustancial.
Cuando compras una acción te conviertes en socio de la empresa.
Cuando compras un bono, en cambio, prestas dinero al emisor, que se compromete a devolverlo según las condiciones previstas.
Por este motivo, las acciones y los bonos tienen características, riesgos y rentabilidades potenciales diferentes.
Cada vez que oyes decir en el telediario:
«Las acciones de una empresa han ganado un 5 % en Bolsa.»
significa que los inversores han atribuido un valor mayor a esa empresa respecto al día anterior.
Por el contrario, cuando se dice:
«El valor ha perdido un 3 %.»
no significa necesariamente que la empresa haya perdido dinero en ese momento, sino que el mercado ha reducido la valoración atribuida a sus acciones.
Este es un concepto fundamental: el precio de una acción refleja lo que el mercado está dispuesto a pagar en ese momento, no una medida absoluta del valor de la empresa.
La sociedad con el precio de acción más elevado no es necesariamente la sociedad con mayor valor total.
El precio de una sola acción depende también de cuántas acciones se hayan emitido.
Para comparar el tamaño de dos empresas se utiliza generalmente la capitalización de mercado, tema que profundizaremos en los capítulos siguientes.
Las acciones son uno de los instrumentos fundamentales de los mercados financieros porque permiten a las empresas captar capital y a los inversores participar, incluso con participaciones muy pequeñas, en su crecimiento. Comprender este principio significa mirar la Bolsa con una perspectiva distinta: no como un lugar donde se compran simples «valores», sino como un mercado en el que se intercambian participaciones de empresas reales.
Cada año, cientos de empresas en el mundo deciden salir a Bolsa para captar nuevo capital. Algunas son empresas jóvenes en fuerte crecimiento, otras son sociedades ya consolidadas que desean financiar nuevos proyectos o acelerar su desarrollo.
En el capítulo anterior vimos que comprar una acción significa convertirse en propietario de una pequeña parte de una empresa.
Llegados a este punto, surge una pregunta espontánea.
¿Por qué un empresario decidiría compartir la propiedad de su empresa con otros inversores?
La respuesta es sencilla: para crecer.
Como cualquier proyecto empresarial, una empresa también necesita recursos financieros para desarrollarse. Construir nuevas plantas, contratar personal cualificado, invertir en investigación o entrar en nuevos mercados requiere a menudo capitales muy elevados.
La Bolsa nace precisamente para poner en contacto a las empresas que buscan capital con los inversores que desean participar en su crecimiento.
Toda empresa nace como empresa privada.
En esta fase el capital pertenece generalmente a los fundadores o a un número limitado de socios.
Las decisiones se toman internamente y las participaciones de la sociedad no pueden ser adquiridas libremente por el público.
Con el paso de los años, la empresa puede crecer y necesitar más recursos para financiar nuevos proyectos.
En ese momento puede elegir distintas vías:
La salida a Bolsa es el proceso mediante el cual una sociedad pone sus acciones a disposición de los inversores.
A partir de ese momento, las acciones pueden comprarse y venderse en el mercado.
La sociedad se convierte así en una sociedad cotizada.
Cotizar implica también asumir nuevas obligaciones de transparencia, comunicación e información frente al mercado y a los accionistas.
El momento en que una sociedad ofrece por primera vez sus acciones al público se denomina OPV (IPO), acrónimo de Oferta Pública de Venta (Initial Public Offering).
Durante la OPV se establece un precio inicial y una parte de las acciones se coloca en el mercado.
Los inversores que participan adquieren participaciones de la sociedad, mientras que la empresa recibe nuevo capital para destinarlo a sus objetivos de crecimiento.
Tras la conclusión de la OPV, las acciones comienzan a negociarse diariamente en Bolsa y su precio se determina por la oferta y la demanda.
Imaginemos una empresa tecnológica que desarrolla software innovador.
En los últimos años ha crecido rápidamente y desea expandirse a nuevos mercados internacionales.
Para alcanzar este objetivo necesita 500 millones de euros.
Los fundadores podrían decidir cotizar una parte de la empresa en Bolsa.
Los inversores compran las acciones y el capital captado se utiliza para financiar el plan de desarrollo.
A cambio, los nuevos accionistas participan en los resultados futuros de la sociedad.
Muchas personas piensan que, una vez cotizada, una empresa sigue vendiendo continuamente nuevas acciones.
En realidad no es así.
Tras la OPV, en la mayoría de los casos las operaciones se realizan entre inversores.
Si hoy compras una acción de una sociedad ya cotizada, lo más probable es que se la estés comprando a otro inversor que ha decidido venderla.
La empresa no recibe dinero por cada compraventa realizada en el mercado.
Su valor bursátil, sin embargo, cambia continuamente en función del precio de las acciones.
Para comprender mejor este mecanismo conviene distinguir dos fases.
Es el momento en que las acciones se ofrecen a los inversores por primera vez.
El dinero captado va directamente a la sociedad.
Es lo que ocurre durante una OPV.
Es el mercado en el que las acciones se compran y venden posteriormente entre inversores.
La gran mayoría de las operaciones se realiza precisamente en el mercado secundario.
Convertirse en una sociedad cotizada puede ofrecer numerosas ventajas.
Para la empresa significa:
Para los inversores significa poder participar en el desarrollo de empresas de sectores y tamaños diferentes.
Muchas empresas hoy muy conocidas han crecido también gracias a la Bolsa.
Mediante la salida a Bolsa han captado recursos para financiar investigación, desarrollo, adquisiciones e innovación.
Naturalmente, la salida a Bolsa no garantiza el éxito: algunas sociedades crecen rápidamente, otras atraviesan periodos de dificultad. Precisamente por ello el precio de sus acciones varía con el tiempo.
No todas las grandes empresas cotizan en Bolsa.
Muchas empresas de éxito permanecen privadas y siguen siendo controladas por los fundadores, las familias propietarias o inversores institucionales.
La decisión de salir a Bolsa depende de la estrategia empresarial y no constituye un paso obligatorio.
La Bolsa representa un punto de encuentro entre empresas que desean financiar su crecimiento e inversores interesados en participar en su desarrollo. Comprender el proceso de salida a Bolsa ayuda a entender que detrás de cada acción existe una empresa real, con proyectos, objetivos y perspectivas que el mercado valora día tras día.
En las principales Bolsas del mundo se ejecutan cada día millones de operaciones de compra y venta. Cada operación contribuye a la formación del precio de mercado de las acciones, que puede actualizarse miles de veces durante una sola sesión.
Una de las preguntas más frecuentes entre quienes se acercan a la inversión es:
«¿Por qué hoy una acción vale 100 euros y mañana podría valer 95 o 105?»
La respuesta no es tan sencilla como podría parecer.
Muchos piensan que el precio de una acción depende exclusivamente de los resultados económicos de la empresa.
En realidad, el mercado tiene en cuenta muchos otros elementos: expectativas, confianza, noticias, economía y comportamiento de los inversores.
Para comprender el mercado de valores es fundamental entender cómo nace el precio de una acción.
Como cualquier otro mercado, la Bolsa también funciona según una regla muy sencilla.
Cuando los compradores son más numerosos que los vendedores, el precio tiende a subir.
Cuando prevalecen los vendedores, el precio tiende a bajar.
Cada variación del precio es el resultado del encuentro entre quien desea comprar y quien desea vender.
Imagina un concierto muy esperado.
Solo hay 1.000 entradas disponibles.
Si 10.000 personas quieren comprarlas, muchas estarán dispuestas a pagar más con tal de conseguirlas.
El precio tenderá a aumentar.
El mismo principio se aplica a las acciones.
Si crece el interés por una sociedad, aumenta la demanda y el precio tiende a subir.
Una pregunta interesante es:
La respuesta es: nadie.
No es la empresa.
No es la Bolsa.
No es el bróker.
El precio nace del encuentro entre miles de inversores que, en cada instante, expresan su disposición a comprar o vender a un determinado valor.
Es el mercado, en su conjunto, quien determina el precio.
Este es uno de los conceptos más importantes de toda la guía.
Muchos piensan que el precio refleja exclusivamente la situación actual de la empresa.
En realidad, el mercado trata continuamente de anticipar lo que podría ocurrir en los meses y años siguientes.
Cuando un inversor compra una acción, no compra el pasado.
Compra una previsión sobre el futuro.
Si considera que una empresa crecerá, estará dispuesto a pagar un precio mayor.
Si teme un empeoramiento, podría decidir vender.
Por este motivo se dice a menudo que los mercados descuentan las expectativas.
Puede parecer sorprendente, pero una empresa puede publicar excelentes resultados y aun así ver disminuir el precio de sus acciones.
¿Cómo es posible?
Porque el mercado no compara el resultado con el pasado.
Lo compara con lo que esperaba.
Los analistas prevén un beneficio de 10.000 millones de euros.
La empresa obtiene 9.800 millones.
Se trata, en cualquier caso, de un resultado excelente.
Pero al ser ligeramente inferior a las expectativas, algunos inversores podrían vender las acciones, provocando una disminución del precio.
El mercado valora continuamente la diferencia entre la realidad y las expectativas.
Cada día se difunde información que puede modificar la percepción de los inversores.
Por ejemplo:
El mercado reacciona a esta información tratando de evaluar su posible impacto futuro.
La confianza es uno de los elementos más importantes en los mercados financieros.
Si los inversores creen que una empresa seguirá creciendo, generalmente estarán más dispuestos a comprar sus acciones.
Si, por el contrario, disminuye la confianza, aumenta la probabilidad de que prevalezcan las ventas.
El precio refleja, por tanto, no solo las cifras de la empresa, sino también la forma en que el mercado las interpreta.
Junto al precio, existe otra información importante: los volúmenes.
Los volúmenes indican cuántas acciones se han negociado en un periodo determinado.
Un aumento de los volúmenes puede señalar un fuerte interés de los inversores por ese valor.
Sin embargo, los volúmenes por sí solos no indican si el precio subirá o bajará: deben interpretarse junto con el contexto.
En 2023 y 2024, muchas empresas vinculadas a la inteligencia artificial registraron un fuerte aumento del valor de sus acciones.
Esto no ocurrió únicamente por los resultados económicos ya obtenidos, sino sobre todo porque muchos inversores consideraban que estas sociedades se beneficiarían de la creciente difusión de la inteligencia artificial en los años siguientes.
Es un ejemplo de cómo el mercado atribuye gran importancia a las perspectivas futuras.
Las oscilaciones diarias del precio no modifican directamente el número de productos vendidos por una empresa, ni la calidad de sus servicios.
Representan, en cambio, la forma en que el mercado valora, en ese preciso momento, las perspectivas de la sociedad.
Por este motivo es posible observar fuertes movimientos de precio incluso en ausencia de cambios inmediatos en la actividad de la empresa.
El precio de una acción no lo establece la empresa, sino los inversores que cada día compran y venden en el mercado. La oferta, la demanda, las expectativas y la confianza contribuyen continuamente a la formación del valor. Comprender este mecanismo significa empezar a leer la Bolsa no como un conjunto de números aleatorios, sino como el resultado de las decisiones colectivas de millones de operadores.
A largo plazo, muchas de las empresas que han creado mayor valor para los accionistas han combinado dos elementos: el crecimiento del precio de las acciones y la distribución regular de dividendos. Sin embargo, estos resultados no están garantizados y dependen de la evolución de la empresa y de las condiciones del mercado.
Cuando se habla de inversión en acciones, la pregunta más frecuente es:
La respuesta es más sencilla de lo que parece.
Existen dos formas principales por las que una inversión en acciones puede generar rentabilidad:
Comprender esta diferencia es fundamental porque no todas las empresas siguen la misma estrategia.
La primera forma de obtener rentabilidad es a través de la ganancia de capital (Capital Gain), es decir, la ganancia derivada de la diferencia entre el precio de compra y el de venta.
Compras una acción a 50 €.
Al cabo de unos años el precio sube a 70 €.
Si decides venderla, obtienes una ganancia de 20 € por acción.
Esta ganancia se denomina plusvalía o ganancia de capital (Capital Gain).
Naturalmente, si el precio disminuyera, el resultado podría ser una pérdida.
Una acción tiende a aumentar de valor cuando el mercado considera que la empresa tiene perspectivas de crecimiento interesantes.
Entre los factores que pueden contribuir al aumento del precio se encuentran:
El precio no crece automáticamente: refleja la forma en que el mercado valora las perspectivas futuras de la empresa.
No todas las empresas eligen distribuir los beneficios a los accionistas.
Las que lo hacen pueden reconocer un dividendo, es decir, una suma de dinero distribuida a los socios en proporción al número de acciones poseídas.
Posees 200 acciones.
La sociedad distribuye un dividendo de 1 € por acción.
Recibirás:
El dividendo representa una parte del beneficio que la empresa decide compartir con sus accionistas.
Muchas empresas, sobre todo las de fuerte crecimiento, prefieren reinvertir los beneficios en lugar de distribuirlos.
Los recursos pueden utilizarse para:
En este caso, los inversores aceptan renunciar al dividendo con la expectativa de que el valor de la sociedad pueda crecer con el tiempo.
No existe una opción universalmente mejor.
Algunos inversores prefieren empresas que distribuyen dividendos regulares.
Otros prefieren sociedades que reinvierten los beneficios para sostener un crecimiento más rápido.
Ambos enfoques pueden ser válidos y dependen de los objetivos del inversor.
Uno de los aspectos más subestimados en la inversión es el tiempo.
Las oscilaciones a corto plazo pueden ser significativas, pero muchas empresas han creado valor a lo largo de años o décadas.
Por este motivo, muchos inversores adoptan un horizonte temporal de medio-largo plazo.
Invertir no significa necesariamente buscar resultados inmediatos, sino participar en el crecimiento de una empresa a lo largo del tiempo.
Cuando los dividendos recibidos se reinvierten comprando nuevas acciones, se puede beneficiar del llamado interés compuesto.
En la práctica, la rentabilidad generada por la inversión puede, a su vez, contribuir a producir nueva rentabilidad.
A largo plazo, este mecanismo puede tener un impacto significativo en el crecimiento del capital.
Imaginemos dos empresas.
La primera distribuye cada año una parte considerable de sus beneficios en forma de dividendos.
La segunda reinvierte casi por completo los beneficios para financiar nuevos proyectos.
Ambas pueden representar inversiones interesantes, pero con características diferentes.
La elección dependerá de los objetivos del inversor: recibir un flujo de ingresos periódico o apostar principalmente por el crecimiento del valor de la empresa.
Recibir un dividendo no significa obtener una ganancia «extra».
El día en que se distribuye el dividendo, el precio de la acción tiende normalmente a ajustarse por el importe distribuido, ya que una parte del valor de la sociedad se transfiere a los accionistas.
Por este motivo es importante valorar el dividendo dentro de la estrategia global de la empresa y no como un beneficio aislado.
Estos dos términos se utilizan a menudo como sinónimos, pero describen enfoques diferentes.
Significa comprar una participación de una empresa con el objetivo de participar en su crecimiento a lo largo del tiempo.
La atención se centra en los fundamentales de la empresa, en la calidad del negocio y en las perspectivas futuras.
Significa tratar de obtener un beneficio aprovechando las variaciones de precio, a menudo con un horizonte temporal muy breve.
La especulación también es un componente de los mercados financieros, pero responde a lógicas distintas de la inversión a largo plazo.
Las acciones pueden generar rentabilidad a través del crecimiento de su valor y, en algunos casos, mediante la distribución de dividendos. Comprender estos mecanismos permite valorar una inversión de forma más consciente y elegir estrategias coherentes con los propios objetivos financieros.
Cada día, en las principales Bolsas del mundo, se negocian acciones por cientos de miles de millones de dólares. Las operaciones involucran a miles de sociedades de los sectores más diversos y a millones de inversores repartidos por todo el mundo.
Cuando escuchas el telediario económico o lees un periódico financiero, podrías oír frases como:
Pero, ¿qué significan realmente estas expresiones?
Para comprenderlas es necesario conocer el funcionamiento de las Bolsas de valores y de los índices bursátiles, instrumentos que representan el corazón del mercado de valores.
Una Bolsa de valores es un mercado regulado donde se compran y venden instrumentos financieros, entre ellos las acciones.
En el pasado, las operaciones se realizaban físicamente, con operadores presentes en el parqué de la Bolsa.
Hoy, la mayor parte de las negociaciones es completamente electrónica.
Las Bolsas garantizan:
En la práctica, representan el punto de encuentro entre quien desea comprar y quien desea vender acciones.
Cada país dispone generalmente de uno o varios mercados regulados.
Entre los más importantes se encuentran:
Estados Unidos
La mayor Bolsa por valor de las sociedades cotizadas.
Estados Unidos
Referente para muchas empresas tecnológicas.
Europa
Uno de los principales grupos bursátiles europeos.
Italia
Mercado de referencia para las principales sociedades italianas.
Reino Unido
Uno de los mercados financieros más importantes del mundo.
Japón
La principal Bolsa asiática.
Cada mercado alberga sociedades pertenecientes a distintos sectores económicos.
Seguir miles de empresas simultáneamente sería imposible.
Por este motivo se crearon los índices bursátiles.
Un índice representa un conjunto de sociedades seleccionadas para describir la evolución de un determinado mercado o sector.
Cuando oyes decir:
«El índice ha subido un 1 %»
significa que, en conjunto, las empresas que lo componen han registrado un rendimiento positivo.
Incluye alrededor de 500 de las mayores sociedades estadounidenses.
Es uno de los indicadores más utilizados para evaluar el estado del mercado de valores estadounidense.
Incluye muchas de las principales empresas tecnológicas mundiales.
A menudo se asocia con sociedades innovadoras y de alto crecimiento.
Uno de los índices más antiguos y conocidos.
Reúne un número limitado de grandes empresas estadounidenses de distintos sectores.
Es el principal índice de la Bolsa italiana.
Incluye las sociedades italianas con mayor capitalización y liquidez.
Representa el mercado de valores alemán.
Es el principal índice de la Bolsa de Tokio.
Uno de los errores más comunes es valorar una empresa observando solo el precio de una sola acción.
En realidad, el parámetro más utilizado es la capitalización de mercado.
La fórmula es muy sencilla:
Sociedad A
Precio de una acción:
100 €
Número de acciones:
10 millones
Capitalización:
1.000 millones de euros.
Sociedad B
Precio de una acción:
20 €
Número de acciones:
100 millones
Capitalización:
2.000 millones de euros.
Aunque el precio de la acción individual es inferior, la segunda empresa vale en conjunto más.
Las empresas suelen clasificarse según su capitalización.
Grandes sociedades, generalmente consolidadas y muy conocidas.
Empresas de tamaño intermedio.
Pueden ofrecer perspectivas de crecimiento interesantes.
Empresas más pequeñas.
Pueden presentar mayores oportunidades de desarrollo, pero también una volatilidad más elevada.
La liquidez indica la facilidad con la que una acción puede comprarse o venderse sin influir significativamente en su precio.
Un valor muy líquido presenta generalmente:
Las acciones de las grandes sociedades internacionales suelen estar entre las más líquidas.
Dos empresas pueden operar en el mismo sector, pero tener tamaños muy diferentes.
Una gran multinacional puede estar presente en decenas de países, tener millones de clientes y una capitalización de cientos de miles de millones de euros.
Una pequeña empresa cotizada puede operar en un mercado de nicho con perspectivas de crecimiento interesantes, pero ser menos líquida y estar más sujeta a oscilaciones de precio.
Comprender estas diferencias ayuda a interpretar mejor el comportamiento de los valores.
Cuando los medios hablan de Wall Street, a menudo no se refieren solo a la calle de Nueva York donde se ubica el NYSE, sino que utilizan este nombre para designar, en un sentido más amplio, todo el mercado financiero estadounidense.
Las Bolsas de valores representan el lugar donde se encuentran inversores y empresas. A través de los índices bursátiles es posible observar la evolución de los principales mercados, mientras que la capitalización y la liquidez ayudan a comprender el tamaño y las características de las sociedades cotizadas. Estos conceptos constituyen la base para interpretar correctamente las noticias económicas y la evolución del mercado de valores.
Cada día se publica información por miles que puede influir en los mercados financieros: resultados empresariales, datos económicos, decisiones de los bancos centrales, innovaciones tecnológicas, acontecimientos geopolíticos y mucho más. Los inversores analizan continuamente esta información para estimar el valor futuro de las empresas.
Si observas el gráfico de una acción, notarás que su precio cambia continuamente.
Algunos movimientos son muy leves.
Otros pueden ser repentinos y significativos.
Pero, ¿qué determina realmente estas variaciones?
La respuesta es que el mercado valora constantemente las perspectivas futuras de cada empresa.
Cada nueva información puede modificar la confianza de los inversores y, en consecuencia, el precio de las acciones.
Uno de los factores más importantes lo constituyen los resultados económicos de la empresa.
Entre los elementos observados por los inversores se encuentran:
Si los resultados son mejores de lo esperado, el mercado puede reaccionar positivamente.
Si, por el contrario, decepcionan a los inversores, el precio puede disminuir.
El beneficio representa la ganancia obtenida por la empresa después de asumir todos los costes.
En general, las empresas capaces de generar beneficios de forma constante tienden a considerarse más sólidas.
Sin embargo, no cuenta solo el beneficio actual.
Los inversores tratan de entender si será sostenible también en los años siguientes.
El mercado atribuye gran importancia al crecimiento.
Una empresa que aumenta constantemente:
puede ser valorada positivamente aunque hoy distribuya pocos dividendos.
Muchos inversores compran acciones precisamente porque creen en la capacidad de la empresa de crecer en el futuro.
Este concepto merece repetirse porque constituye uno de los principios fundamentales de los mercados financieros.
El precio no refleja solo lo que una empresa es hoy.
Representa sobre todo lo que el mercado piensa que podría llegar a ser mañana.
Por este motivo, dos empresas con resultados similares pueden tener valoraciones muy diferentes.
También las decisiones tomadas por los directivos pueden influir en el precio.
Por ejemplo:
Los inversores valoran continuamente la calidad de las estrategias adoptadas.
Las empresas que introducen productos o tecnologías innovadoras pueden atraer un mayor interés.
La innovación no garantiza automáticamente el éxito, pero puede modificar las perspectivas de crecimiento percibidas por el mercado.
Toda empresa opera dentro de un sector.
Por ejemplo:
Aunque una empresa esté bien gestionada, podría verse afectada por las dificultades del sector en el que opera.
Por el contrario, un sector en fuerte expansión puede favorecer a muchas de las empresas que forman parte de él.
El valor de las empresas también se ve influido por la evolución de la economía.
Entre los elementos observados por los inversores se encuentran:
Estos factores pueden incidir en la capacidad de las empresas para generar ingresos y beneficios.
Las decisiones de los bancos centrales pueden tener un impacto significativo en el mercado de valores.
En general:
Naturalmente, el comportamiento de los mercados depende también del contexto económico general.
Existen, por último, factores imprevisibles.
Por ejemplo:
Estos acontecimientos pueden modificar rápidamente el comportamiento de los inversores.
Imaginemos dos sociedades automovilísticas.
Ambas operan en el mismo mercado.
Una invierte en innovación, mejora los márgenes y aumenta las ventas.
La otra pierde competitividad y reduce los beneficios.
Aunque pertenezcan al mismo sector, el mercado podría atribuirles valoraciones muy diferentes.
Por este motivo es importante analizar cada empresa de forma individual.
Imagina una empresa que desarrolla un fármaco innovador.
Si obtiene la autorización de comercialización, el mercado podría interpretar esta noticia como una oportunidad de crecimiento futuro y atribuir un valor mayor a la sociedad.
Por el contrario, si el proyecto se interrumpiera, los inversores podrían revisar a la baja sus expectativas.
Este ejemplo muestra cómo el precio refleja no solo los resultados presentes, sino sobre todo las perspectivas futuras.
Muchas sociedades publican sus resultados económicos cada tres meses.
Estos documentos, llamados resultados trimestrales, se encuentran entre las citas más seguidas por los inversores porque ofrecen indicaciones sobre la evolución de la empresa y sobre las perspectivas futuras.
El valor de una acción es el resultado de la valoración colectiva de los inversores sobre las perspectivas futuras de la empresa. Los balances, el crecimiento, la innovación, la economía y la confianza contribuyen a formar el precio observado en el mercado. Comprender estos elementos permite interpretar con mayor conciencia las noticias económicas y los movimientos de la Bolsa.
A lo largo de su historia, todos los mercados de valores han atravesado periodos de fuerte crecimiento y fases de corrección significativa. Incluso las empresas consideradas sólidas pueden registrar oscilaciones importantes en el valor de sus acciones. Invertir significa, por tanto, aceptar que el precio de un valor pueda variar con el tiempo, tanto al alza como a la baja.
Cuando se habla de inversión, la atención se centra a menudo en las posibles ganancias.
Es natural.
Quien invierte desea hacer crecer su patrimonio.
Existe, sin embargo, un principio común a todos los inversores más experimentados.
Antes de pensar en cuánto se puede ganar, hay que preguntarse cuánto se está dispuesto a arriesgar.
El riesgo no es un elemento que deba eliminarse.
Forma parte de cualquier inversión.
El objetivo no es evitarlo por completo, sino comprenderlo y gestionarlo de forma coherente con los propios objetivos.
En el lenguaje financiero, el riesgo representa la posibilidad de que el resultado de una inversión sea distinto del esperado.
Esto significa que el valor de una acción puede:
Nadie puede conocer con certeza cuál será la evolución futura del mercado.
Por este motivo, toda inversión conlleva un grado de incertidumbre.
Respecto a otros instrumentos financieros, las acciones pueden presentar oscilaciones de precio más marcadas.
Esto ocurre porque su valor depende de numerosos factores:
Cuanto mayor es el número de variables implicadas, mayor puede ser la volatilidad del precio.
Uno de los conceptos más importantes que hay que comprender es la volatilidad.
La volatilidad mide cuánto tiende a oscilar el precio de una inversión a lo largo del tiempo.
Un valor que varía frecuentemente un 5-10 % se considera generalmente más volátil que otro que registra movimientos más leves.
Es importante recordar que volatilidad no significa automáticamente riesgo elevado, sino que indica simplemente la intensidad de las variaciones de precio.
Observando el mercado día tras día es normal asistir a movimientos incluso significativos.
A corto plazo, las cotizaciones pueden verse influidas por noticias, expectativas y emociones.
Con un horizonte temporal más largo, los inversores tienden, en cambio, a centrarse más en la capacidad de las empresas de crear valor a través del crecimiento, la innovación y la rentabilidad.
Esto no elimina el riesgo, pero modifica la forma en que se afronta.
Uno de los principios fundamentales de la inversión es la diversificación.
Significa evitar concentrar todo el capital en una sola empresa.
Imaginemos dos inversores.
El primero invierte todo su patrimonio en una única sociedad.
El segundo distribuye el capital entre empresas de distintos sectores.
Si una de las sociedades atraviesa un periodo difícil, el segundo inversor podría sufrir un impacto más limitado gracias a la presencia de las demás inversiones.
Diversificar no elimina el riesgo, pero puede contribuir a reducir el riesgo específico ligado a una sola empresa.
Conviene distinguir dos tipos de riesgo.
Se refiere a una sola empresa.
Por ejemplo:
Este tipo de riesgo puede reducirse mediante la diversificación.
Afecta a todo el mercado.
Por ejemplo:
Estos acontecimientos pueden influir simultáneamente en muchas empresas, con independencia de su calidad.
Las decisiones de inversión no están influidas únicamente por las cifras.
Las emociones también desempeñan un papel fundamental.
Las más frecuentes son:
Puede llevar a vender durante una fase bajista, transformando una pérdida temporal en una pérdida definitiva.
Puede empujar a invertir sumas excesivas o a perseguir valores que ya han registrado fuertes subidas.
Puede inducir a cambiar continuamente de estrategia sin dar a las inversiones el tiempo necesario para expresar su potencial.
Cuando muchas personas compran o venden el mismo valor, algunos inversores tienden a imitarlas sin realizar su propia valoración.
Seguir el comportamiento de la mayoría no garantiza mejores resultados.
Una inversión debería ser siempre coherente con:
Tener un plan ayuda a tomar decisiones más racionales incluso durante las fases de mayor volatilidad.
Imagina dos inversores.
Ambos compran las mismas acciones.
Al cabo de pocos meses el mercado registra una corrección del 20 %.
El primero vende de inmediato, asustado por la caída.
El segundo había previsto la posibilidad de oscilaciones a corto plazo y mantiene su plan de inversión.
Este ejemplo no significa que mantener siempre las posiciones sea la decisión correcta, pero muestra cuánto pueden influir las emociones en las decisiones financieras.
Muchos inversores profesionales dedican más tiempo a la gestión del riesgo que a la búsqueda del «valor perfecto».
La razón es sencilla: nadie puede prever con certeza el futuro, pero todos pueden decidir cuánto capital exponer a una determinada inversión.
El capital representa el recurso que te permite seguir invirtiendo a lo largo del tiempo.
Evitar concentrar todo el patrimonio en una única empresa puede reducir el riesgo específico.
Las decisiones deberían alinearse con los propios objetivos y no con las oscilaciones diarias del mercado.
El miedo y la euforia pueden comprometer incluso una buena estrategia.
Toda inversión conlleva un componente de incertidumbre.
Comprenderla es el primer paso para afrontarla con mayor conciencia.
Invertir en acciones significa aceptar que el valor de las inversiones pueda oscilar con el tiempo. El riesgo no puede eliminarse, pero puede comprenderse y gestionarse mediante la diversificación, la planificación y la disciplina. Más que buscar la ganancia inmediata, un inversor consciente se centra en construir un camino coherente con sus objetivos financieros.
Hoy es posible comprar acciones de las principales sociedades del mundo directamente desde un ordenador o un smartphone. Una actividad que hasta hace pocas décadas estaba reservada casi exclusivamente a bancos, operadores profesionales y grandes inversores es hoy accesible también a los pequeños ahorradores a través de intermediarios autorizados.
Comprar una acción es hoy una operación relativamente sencilla.
Bastan pocos minutos para abrir una cuenta en un intermediario autorizado y acceder a los principales mercados financieros del mundo.
La sencillez del acceso, sin embargo, no debe confundirse con la sencillez de la inversión.
Antes de comprar una acción es importante comprender los instrumentos utilizados y el funcionamiento de todo el proceso.
Para comprar o vender acciones es necesario utilizar un bróker o un banco que ofrezca servicios de inversión.
El bróker desempeña el papel de intermediario entre el inversor y el mercado.
Cuando introduces una orden de compra, será el bróker quien la transmita a la Bolsa y gestione su ejecución.
Además del acceso a los mercados, el bróker suele poner a disposición:
Para poseer acciones es necesario abrir una cuenta de valores.
Se trata de una cuenta dedicada a la custodia de los instrumentos financieros adquiridos.
Es diferente de una cuenta corriente normal.
En la cuenta de valores se registran:
La cuenta corriente, en cambio, se utiliza para los movimientos de dinero.
Hoy casi todos los brókers ofrecen plataformas utilizables desde:
Las plataformas permiten:
El proceso se compone generalmente de pocos pasos.
El inversor identifica la sociedad de interés.
Cada acción cotiza en tiempo real durante el horario de apertura de la Bolsa.
Se especifican:
Si las condiciones del mercado lo permiten, la orden se ejecuta.
A partir de ese momento, el inversor se convierte en accionista de la sociedad.
Existen distintas formas de comprar o vender una acción.
La orden se ejecuta al mejor precio disponible en ese momento.
Es la modalidad más sencilla y rápida.
El inversor establece el precio máximo que está dispuesto a pagar para comprar una acción o el precio mínimo al que está dispuesto a venderla.
La orden se ejecutará solo si el mercado alcanza ese nivel.
Las órdenes Stop se utilizan generalmente para limitar las pérdidas o para entrar en el mercado cuando se superan determinados niveles de precio.
Son instrumentos muy utilizados por los inversores más experimentados.
Cada operación puede conllevar algunos costes.
Entre los principales se encuentran:
Antes de elegir un intermediario es siempre conveniente comprender su estructura de costes.
Sí.
Muchos intermediarios permiten empezar incluso con capitales reducidos.
Algunos permiten además comprar fracciones de acción (fractional shares), haciendo accesibles incluso sociedades con un precio elevado por acción.
Esta posibilidad depende del bróker y del mercado de referencia.
Muchos inversores se hacen esta pregunta.
Las acciones permiten invertir en una sola sociedad.
Los ETF, en cambio, permiten generalmente invertir simultáneamente en un conjunto de empresas.
Ambos instrumentos presentan características, ventajas y limitaciones.
Por este motivo, los ETF serán objeto de una guía específica.
Algunos intermediarios ponen a disposición una cuenta demo.
Se trata de un entorno de simulación que utiliza dinero virtual.
La cuenta demo permite:
Es una herramienta útil para familiarizarse con la operativa antes de invertir.
Imagina que quieres comprar las acciones de una sociedad.
Accedes a la plataforma de tu bróker, buscas el nombre de la empresa o su ticker, consultas el precio y eliges el número de acciones que deseas comprar.
Tras confirmar la orden, si se ejecuta, las acciones aparecerán en tu cartera.
A partir de ese momento participarás en la evolución de la inversión, con las oportunidades y los riesgos que conlleva.
Cada sociedad cotizada se identifica mediante un ticker, es decir, un código compuesto por letras.
Por ejemplo, el ticker facilita la identificación del valor dentro de las plataformas de trading y de los sitios financieros.
Hoy invertir en acciones es más sencillo que en el pasado gracias a las plataformas digitales y a los brókers en línea. Sin embargo, la facilidad con la que es posible acceder a los mercados no elimina la necesidad de comprender los instrumentos utilizados, valorar atentamente los costes y conocer las características de las empresas en las que se decide invertir.
Millones de personas invierten cada día en los mercados de valores. Algunos compran para construir un patrimonio a largo plazo, otros buscan oportunidades a corto plazo. Con independencia del enfoque elegido, todos los inversores comparten el mismo reto: tomar decisiones en un contexto caracterizado por la incertidumbre.
Si has llegado hasta este punto, probablemente hayas adquirido una visión mucho más clara de cómo funciona el mercado de valores.
Has descubierto que comprar una acción significa convertirse en propietario de una pequeña parte de una empresa.
Has visto cómo se forma el precio, qué factores influyen en él y por qué el riesgo es un componente inevitable de toda inversión.
Es normal, sin embargo, que aún queden algunas dudas.
En este capítulo respondemos a las preguntas más frecuentes de quienes se acercan por primera vez a la inversión en acciones.
No.
Hoy muchos intermediarios permiten empezar incluso con importes reducidos.
Lo que cuenta no es tanto el capital inicial, sino la capacidad de invertir de forma coherente con los propios objetivos y con el propio perfil de riesgo.
Una pequeña inversión realizada con método puede ser más útil que un capital importante gestionado sin una estrategia.
Es una pregunta que muchos se plantean.
Cuando compras acciones, el valor de tu inversión puede disminuir.
En el caso extremo de que una empresa pierda por completo su valor económico, la inversión podría reducirse a cero.
Por este motivo es importante evitar concentrar todo el patrimonio en una sola sociedad y comprender el nivel de riesgo asociado a cada inversión.
No existe una respuesta válida para todos.
Invertir en pocas sociedades permite concentrarse más en cada inversión, pero aumenta el riesgo específico.
Distribuir el capital entre varias empresas o instrumentos puede contribuir a reducir el impacto de eventuales resultados negativos de una sola empresa.
Esta elección depende de los objetivos, del horizonte temporal y de la propensión al riesgo del inversor.
Nadie es capaz de identificar con certeza el punto más bajo o el punto más alto del mercado.
Muchos inversores prefieren adoptar estrategias que prevén inversiones graduales a lo largo del tiempo, reduciendo el riesgo de concentrar todo el capital en un único momento.
Lo importante es evitar decisiones basadas exclusivamente en las emociones o en las noticias del día.
La respuesta depende del objetivo.
Quien invierte para construir un patrimonio a largo plazo tiende generalmente a adoptar un horizonte temporal de varios años.
Otros inversores pueden tener, en cambio, estrategias de una duración más breve.
Antes de invertir conviene preguntarse:
La respuesta a esta pregunta ayuda a menudo a definir también el tiempo necesario para alcanzar el propio objetivo.
Una marca muy conocida no representa automáticamente una buena inversión.
El valor de una empresa depende de muchos factores:
Conocer un producto no significa necesariamente conocer la empresa que lo produce.
Sí.
Muchos inversores no controlan continuamente la evolución del mercado.
La frecuencia con la que supervisar una inversión depende de la estrategia adoptada.
Seguir cada oscilación diaria no siempre ayuda a tomar mejores decisiones.
Porque el mercado está formado por millones de personas con expectativas, objetivos y métodos de análisis diferentes.
Un mismo balance puede interpretarse de formas distintas.
Este es el motivo por el que existen simultáneamente compradores y vendedores.
Si todos tuvieran la misma opinión, el mercado no podría funcionar.
Internet ofrece una gran cantidad de información.
Parte de ella es muy útil.
Otra puede ser incompleta, imprecisa u orientada a objetivos distintos de los del inversor.
Antes de tomar una decisión es siempre conveniente comprender las motivaciones que hay detrás de un consejo y contrastar varias fuentes de información.
No.
Nadie es capaz de predecir con certeza la evolución futura de las acciones.
Los inversores toman decisiones sobre la base de datos, análisis y probabilidades.
Aceptar este principio es uno de los pasos más importantes para afrontar los mercados con equilibrio.
Cada día millones de inversores toman decisiones distintas observando la misma información.
Hay quien compra porque considera que una empresa crecerá.
Hay quien vende porque piensa que el precio ya es demasiado elevado.
Ambos utilizan los mismos datos, pero los interpretan de forma diferente.
Esta continua diversidad de opiniones es lo que hace posible el funcionamiento del mercado.
Muchos de los mayores inversores de la historia han atravesado periodos caracterizados por resultados negativos.
Lo que los ha distinguido no ha sido la ausencia de errores, sino la capacidad de mantener un método coherente y de tomar decisiones disciplinadas a lo largo del tiempo.
Las acciones representan uno de los instrumentos más importantes de los mercados financieros.
Permiten a las empresas captar capital para crecer y a los inversores participar en este camino de desarrollo.
Detrás de cada valor cotizado existe una empresa hecha de personas, ideas, inversiones, resultados y perspectivas futuras.
Comprender estos mecanismos significa mirar la Bolsa con otros ojos.
No como un lugar donde se persiguen variaciones de precio, sino como un mercado en el que se encuentran capital, innovación y crecimiento.
El conocimiento no garantiza el éxito de una inversión.
Pero representa el punto de partida para tomar decisiones más conscientes.
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